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El romancero constituye un fenómeno importantísimo de nuestra cultura. De hecho, ha sido considerado por algunos autores como la «columna vertebral» de nuestra literatura hispánica o «árbol» de muchas y frondosas ramas a cuyo abrigo brotó la mejor poesía en castellano. Un árbol, sin duda, bajo el que aún resulta posible cobijarse y entonar las más viejas o nuevas canciones, pues sigue estando ahí, firmemente plantado entre nosotros. Tan trascendente ha sido, en este sentido, la labor de recopilación y estudio de los romances por Gabriel Calvo, como la de su revitalización estética. Ambas actividades, lejos de estar distanciadas, han ido a menudo en paralelo, dándose la mano cuando la moda artística del momento así lo propiciaba. (Luis Díaz Viana)
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