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“Gabriel Calvo está en su punto de sazón. Nacido en Monforte de la Sierra, Salamanca, es hombre de altura media y buena planta, como habría dicho mi abuela, bien armonizado de extremidades, cabeza erguida soportada por un cuello de los que han caminado mucho por los montes, aspecto robusto y color de piel con impronta de salud. Hace años que ejerce de artista dentro de la música Folk y ha seguido creciendo en ella, buscando y rebuscando, investigando y de tanto en tanto nos hace saber de obras propias. A veces habla con voz timbrada, sugerente, segunda, otras, la voz se convierte en inquisitiva ¿será por la gaita y el tamboril?, instrumentos que, tañidos por el tamborilero, buscan el ritmo interior de los salmantinos.
Camina con paso de danzante aventajado y nunca sabes cuándo va iniciar un picao, tieso como un torero viejo, observador de cuanto ocurre a su alrededor con sexto sentido para el escenario. Gasta perilla, barba, incluso mosca de poeta, casi siempre corta. Inteligente y sabio como un trovador, siempre pícaro y listo como un juglar, libre como un montaraz entregado a la labor, en muchas ocasiones afanado en varios tajos a la vez. Entendido en maderas por tradición familiar, aquí hay madera de artista, tienes ante ti un hombre salmantino, un serrano que canta.
Julio Benayas
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